HISTORIA DE VIDA
Pedro Alberto Cabrera nació un 20 de Mayo de 1966, en Entre Ríos.
Es un hombre tranquilo, gracioso, está siempre de buen humor y es una buena persona.
Tiene pelo castaño, ojos marrones, pesa aproximadamente 90 Kg. Y mide 1,70 m. En cuanto a su forma de peinarse, lo hace con una raya hacia el costado. La mayoría del tiempo está con ropa sport y el perfume que utiliza es “Internacional”.
El lugar donde se crió fue Santa Anita, que se caracteriza por ser una ciudad tranquila y con gente muy honesta.
Su mejor amigo de la infancia era Alejandro Pérez. Siempre tuvo buena relación con sus familiares.
A los seis años de edad se mudó junto a su familia a Cortínez (Luján), es un barrio muy tranquilo y seguro.
Su familia está conformada por Angélica Scheffer y Pedro Cabrera (Padres), Gustavo y Pablo (Hermanos).
Sobre algunos recuerdos de la adolescencia, su primer novia fue Marta Ríos, actual esposa, con la que tiene tres hijos, Yesica, María Florencia y Braian.
Junto a Marta, cuando eran jóvenes, paseaban por Luján, salían a bailar o a cazar pájaros.
Un hecho que le alegró la vida fue el nacimiento de su hermano Pablo y uno desdichado fue el fallecimiento de su abuelo paterno.
Nunca terminó la secundaria en la escuela San Luis Gonzaga (Jáuregui).
Realizó viajes a Córdoba, San Clemente, Mar de Ajó y demás.
Actualmente vive en una casa propia en Cortínez, junto a su familia, de 10 x 8 m., con seis años de antigüedad.
Sus costumbres o hobbies son mirar fútbol, pasear, comer, salir a caminar, escuchar cumbia y leer. Un libro que le gusta es “Romeo y Julieta”.
En cuanto a su trabajo, es encargado ceramista. Algunos compañeros son Federico Lattaro, Marcos Cabrera y Emanuel Pérez.
Sus amigos más cercanos actuales son Roberto Pederzolli, Ángel Arguello y Raúl Camparo.
Un día en la vida de Pedro sería así: se levanta 5:10 A.m., va a trabajar. Vuelve a su casa cerca de las 14:30 hs., se baña, come. Duerme una siesta, se levanta, toma mates y ayuda en la casa.
Según su opinión, su muerte ideal sería durmiendo, porque no tendría que sufrir ningún dolor.
YESICA CABRERA.
martes, 15 de septiembre de 2009
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